02/02/2017

Crítica teatral TIEMPO - Javier Villán

Un texto y un actor

Jorge Sanz me redime con esta interpretación de otras que he tenido que soportarle en cine o televisión. No es que haya soportado mucho, ésta es la verdad; adelantándome a la recomendación que nos hace desde el escenario del Alcázar, "quien no esté a gusto que se vaya, ¡puerta!", a veces tomé mis precauciones. Además, yo debo a Jorge Sanz algunas explicaciones y esas explicaciones se las voy a dar. La primera es que en La niña de tus ojos estaba espléndido en un ambiente de nazis infames. Otra, que resulta fácil identificarme con un hombre en una silla de ruedas; pero no podría hacer con ella los juegos chaplinescos, las filigranas que hace Jorge Sanz.

Tiempo es una comedia ácida, sarcástica, vitriólica. Y Jorge Sanz, de la mano de Ramón Fontseré, se muestra como un excelente actor. A un hombre le quedan hora y media de vida y desde la tristeza inicial de un sentenciado, hasta la alegría cinematográfica del final -una carrera hacia la muerte- reflexiona; es la libertad de la muerte inmediata, la preparación de un velatorio que es un ajuste de cuentas consigo mismo y con la sociedad, y al que no le guste que vaya. Dentro de unos minutos él estará libre de responsabilidades, pasadas, presentes y futuras.

El repaso a la política, los bancos de robo y crédito, la corrupción, la impunidad del delincuente institucional le permite, le exije, una extensa gama de registros gestuales y verbales. Tiempo es una obra políticamente incorrecta y no solo por la sátira política, en la que se percibe la mano rectora de Fontseré, sobre todo en la dirección de actores, del actor. Y ahí quiero darle a Sanz la otra explicación, su posición a favor de los toros, su conocimiento de la tauromaquia y de los lances taurinos, desde el pase natural básico hasta la larga cordobesa, en lo que veo la sombra del difunto Perico Beltrán. Conocí hace mucho a Jorge Sanz viendo con Beltrán una corrida en la Ventas. Defensa, pues, de la hoy demonizada corrida de toros. Y como soy aficionado y he escrito unas 3.000 crónicas en EL MUNDO, pues aplaudo a Jorge Sanz.

Hoy los toros me aburren, pero exijo el derecho a elegir mis aburrimientos. Por eso aprovecho la ovación que le brindo como actor para pedirle la vuelta al ruedo como aficionado: de silla de ruedas a silla de ruedas, circunstancias ambas transitorias, espero. ¡Va por usted!

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